domingo, 17 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA CREACION DEL REGIMIENTO DE INFANTERIA MECANIZADO 25

En 1943 se decreta la creación del Regimiento de Infantería 25 dependiente del Comando de la Agrupación Patagonia, siendo su primer asiento provisorio en la localidad de Las Heras, provincia de Santa Cruz. En diciembre de 1943 se fija como asiento del Regimento 25 la localidad de Puerto Deseado (provincia de Santa Cruz). Finalmente el 31 de agosto de 1944 se fija como asiento definitivo del Regimiento 25 la localidad de Sarmiento, provincia del Chubut, donde comparte la Guarnición Ejército Sarmiento con el Grupo de Artillería Blindado 9.
Por Superior Resolución Inserta en Boletín Militar Secreto Nro 1, de fecha 28 de septiembre de 1943, el Presidente de la Nación decreta la creación del Regimiento de Infantería 25 Motorizado Reforzado dependiente del Comando de la Agrupación Patagonia, siendo su primer asiento provisorio en la localidad de Las Heras provincia de Santa Cruz.
Con fecha 14 octubre de 1943 y por Superior Resolución Inserta en Boletín Militar Secreto Nro 2, se decreta que a partir del 15 de diciembre de 1943 se fija como asiento del Regimentó 25 la localidad de Puerto Deseado. Posteriormente con fecha 31 de agosto de 1944 se fija como asiento definitivo de la Unidad en la localidad de Colonia Sarmiento provincia del Chubut.
Dando cumplimiento a este decreto el 19 de marzo de 1945 se traslada el primer contingente por tierra, llegando a destino el 22 de marzo, el resto de la Unidad es traslada por mar llegando a Comodoro Rivadavia el 25 del mismo mes, y por tren hasta Sarmiento llegando en horas de la tarde del 26 de marzo 1945, finalizando así el traslado de la Unidad, y siendo su primer Jefe fue el Teniente Coronel DAVID LAVORI.
En el año 1965 pasa a denominarse Regimiento de Infantería 25. Desde entonces, muchos fueron los hechos memorables que jalonaron la historia de este Regimiento.
Participó en el Operativo Independencia en la provincia de Tucumán.
En 1982, año en que quedó grabado en la historia contemporánea nacional. El entonces Regimiento de Infantería 25, tuvo la responsabilidad y el honor de ser la primera Unidad del Ejército Argentino en pisar el añorado suelo malvinense, en el marco de la Operación "Virgen del Rosario".
Muestra de ello son las 5 condecoraciones que orgullosamente luce nuestra Bandera de Guerra.
* El Ejercito Argentino a la Campaña de Malvinas 1982.
* El Gobierno de la Provincia de Santa Fe a la Bandera que combatió en el Atlántico Sur.
* La Ciudad de Sarmiento a la primera Unidad del Ejército Argentino que recuperara las Islas Malvinas.
* Homenaje del Gobierno de la Provincia del Chubut a la primera Unidad que piso las Islas Malvinas.
* La Honorable Cámara de Diputados de la Nación al Regimiento de Infantería Mecanizado 25.
ACCIONES DEL REGIMIENTO DURANTE EL CONFLICTO CON EL REINO UNIDO DE GRAN BRETAÑA:
Los setenta y cuatro días de campaña no transcurrieron en vano, y al final de la misma, las bajas sufridas por la Unidad fueron una clara muestra del esfuerzo de la misma puesto en el cumplimiento de la misión.
Defensa de la altura 234
Esta misión fue encomendada al Subteniente Reyes, jefe de la Sección Apoyo de la Compañía "C", cuyo jefe era el Teniente 1ro Esteban.
Detectada la presencia naval enemiga en el Estrecho de San Carlos y su posterior desembarco, se inicia una tenaz defensa de la posición y posterior repliegue que se prolongaría por 24 días. Simultáneamente , el resto de la Subunidad también cumpliría con su misión de observación y posterior defensa de la posición, la que también, ante la manifiesta superioridad enemiga, realizó un repliegue de similares características al ejecutado por la Sección Apoyo, que finalizaría en Puerto Argentino.
Combate de Darwin
El 28 de mayo a las 06:00 hs inicia su ataque la 1/C/RI 25 "Bote", a cargo del Teniente Estévez, con la misión de aliviar la presión sobre la Compañía "A" del RI 12 y recomponer la primera línea. No solamente cumple la misión sino que pese a estar gravemente herido, regla el fuego de artillería e informa permanentemente de la situación que se vive. En esas circunstancias es herido nuevamente, pero esta vez ofrendando su vida.
El Cabo Mario Castro releva a su jefe haciéndose cargo de la radio hasta que es herido de muerte, siendo el Soldado Clase 62 Fabricio Carrascul, quién asume la responsabilidad, corriendo la misma suerte que sus heroicos jefes. La acción logra desorganizar al enemigo que interrumpe el ataque y comienza a replegarse, y en la que también pierden la vida los Soldados Clase 62 Zabala y Giraudo.
A las 10:30 hs se inicia un contraataque a cargo de la 2/C/RI 25, a cargo del Subteniente Gómez Centurión. Una patrulla adelantada observa a una compañía enemiga avanzando en dirección contraria lo que permite organizar una emboscada. Ante su desfavorable posición, el enemigo pide una capitulación, siendo el Jefe de Batallón, Teniente Coronel Jones, quién se adelanta con el fusil en alto. Ante la negativa del oficial argentino a las condiciones impuestas por aquél, se reinicia el combate siendo muerto en la acción el jefe inglés, perdiendo la vida heroicamente el Encargado de Sección Sargento Ismael García, y los soldados Austin y Allende. Horas después sería recuperado el Cabo Fernández, a través de las líneas enemigas. También pierden la vida en esta acción: Cabo Miguel Ángel Ávila; Cabo Héctor Rubén Oviedo; Soldado Ramón Ángel Cabrera; Soldado José Honorio Ortega.
Las pérdidas sufridas por el enemigo en esta operación fueron las siguientes:
12 Bajas de personal (muertos y heridos) Helicópteros Gazelle derribados.1 Helicóptero Sea King destruido en tierra.1Helicóptero Gazelle averiado.
El desigual combate y tres días de penoso repliegue, no serían motivo para doblegar la voluntad de nuestros hombres que horas después estarían dispuestos a cumplir una nueva misión en Goose Green.
Defensa de la posición "Virgen de las Victorias"
Esta misión primaria de la Unidad, se cumplió heroica y eficientemente, a lo largo de un mes y medio de combates, recibiendo fuego terrestre, aéreo y naval del enemigo.
Una patrulla de la Unidad destacada en Monte Low, al norte de la posición del aeropuerto, detecta el 1 de mayo la presencia de tres buques ingleses que se disponían a bombardear la pista. La novedad es transmitida al Comando de Puerto Argentino. A posteriori, las tres naves fueron atacadas por aviones de la Fuerza Aérea Argentina, en la única acción de ataque a buques enemigos visible desde la posición ocupada por la unidad.
La pista del aeropuerto permaneció operable durante los 74 días, no obstante las 130 Tn de explosivos arrojados por el enemigo.
Los héroes de esa desigual contienda fueron posteriormente condecorados por la fuerza y la Nación, según el siguiente detalle:
Personal fallecido
Medalla "La Nación Argentina al heróico valor en combate"
· Teniente Roberto Néstor Estévez
Medalla "La Nación Argentina la valor en combate"
· Sargento Sergio Ismael García
· Cabo Mario Rodolfo Castro
· Soldado Fabricio Edgard Carrascul
Medalla "La Nación Argentina al muerto en combate"
· Cabo Héctor Rubén Oviedo
· Cabo Miguel Angel Avila
· Soldado Horacio Lorenzo Giraudo
· Soldado Ramón Angel Cabrera
· Soldado Ricardo Andrés Austin
· Soldado José Honorio Ortega
· Soldado Arnaldo Enrique Zabala
· Soldado José Luis Allende
Por acciones en combate
Medalla "Cruz la Nación Argentina al heróico valor en combate"
· Subteniente Juan josé Gómez Centurión
Medalla "La Nación Argentina al valor en combate"
· Teniente 1ro Carlos Daniel Esteban
· Subteniente Oscar Roberto Reyes
· Cabo Hugo Omar Godoy
Medalla "Herido en combate"
· Cabo Emilio Gabriel Martín
· Soldado Miguel Angel Canyaso
· Soldado Roberto Blas Arguello
· Soldado Héctor Daniel Cepeda
· Soldado Carlos Alberto Moyano
· Soldado Víctor Hugo Inmenson
· Soldado Daniel Alejandro Ambrogio
· Soldado Santos Arce
· Soldado Eduardo Antonio Avila
· Soldado José Luis Bracamonte
· SoldadoRoger Javier Campagnoli
· Soldado Armando Raúl Orellana
· Soldado Sergio Daniel Rodríguez
· Soldado Orlando Javier Rufino
Medalla "Al mérito militar"
· Soldado Domingo Víctor Alamo
Medalla "Al esfuerzo y la abnegación"
· AOR Diego Leonardo Morano
· AOR Jorge Osvaldo Testoni
· Soldado Jorge Omar Ledesma
· Soldado Norberto René Aime
Otro hecho destacable por la Unidad en Malvinas está referida a que no se entregó la Bandera de Guerra al enemigo. Antes de la rendición, el JR ordenó cortar los soles y la moharra que fueron traídas al Regimiento entre la ropa de los soldados. El resto de la Bandera quedó enterrada cerca de las posiciones que el regimiento ocupara en el aeropuerto.
En un cofre se encuentran los soles y la moharra cortadas por el entonces Cabo Primero PATRICIO ALMIRON y guardadas en el interior de un douvet.
La Unidad cuenta con una Sala Histórica, la cual atesora recuerdos imborrables de aquella Gloriosa Gesta, la misma forma parte del circuito turístico de la Localidad.
Con a llegada de los VC M 113 en el año 1986, cambia a su actual denominación: Regimiento de Infantería Mecanizado 25.
Su permanente capacitación operacional la caracteriza como una de las Unidades capacitadas para responder, en forma inmediata y eficaz, a los requerimientos derivados del cumplimiento de la misión, dentro del marco de la Brigada Mecanizada IX.
Fotografía del monumento a sus 12 Héroes Caídos en Combate en las Islas Malvinas. En los combates de Darwin y Pradera del Ganso, 12 héroes de esta Unidad pasaron a la inmortalidad, destacándose ellos por su valor, abnegación y espíritu de sacrificio que fue mas allá del cumplimiento del sagrado deber militar.
Fuente: www.rimec25.ejercito.mil.ar

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sábado, 16 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA CREACION DEL GRUPO DE ARTILLERIA DE DEFENSA ANTIAEREA 161

El 10 de octubre de 1941, por decreto del Presidente de la Nación Dr. Ramón Castillo, se creó el Grupo Antiaéreo Liviano 1, con asiento en la localidad de Villa Mercedes (San Luis). Con el transcurso del tiempo, en su evolución orgánica, se convirtió en lo que hoy es el Grupo de Artillería Antiaéreo 161.
En 1942 fue emplazado en la ciudad de San Luis, capital de la provincia. En numerosas oportunidades cambió de denominación y dependencia, pero nunca abandonó la provincia de San Luis.
En 1952, se lo denominó Grupo Antiaéreo Pesado y en 1956 Grupo Antiaéreo Liviano 2
En 1964, en el marco de la reestructuración del Ejército, se lo denominó Grupo de Artillería de Defensa Aérea 141, pasando a constituir lo que por entonces se denominaron las Formaciones del Comando del IIIer Cuerpo de Ejército.
En 1981, se le cambia su denominación por la de Grupo de Artillería de Defensa Aérea 161, al pasar a depender del por entonces recientemente creado IVto Cuerpo de Ejército.
En los años 1974 y 1975 la unidad participó en el "Operativo Independencia" que por decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 261/ 75 del 07 de febrero de 1975, el Ejército Argentino desarrolló en los montes tucumanos, para erradicar las organizaciones subversivas que por entonces, pretendían imponer una zona liberada, destacando mensualmente personal con la finalidad de integrar los equipos de combate organizados para tal fin en la zona de operaciones.
Durante la movilización desarrollada por el Ejército Argentino en 1978 con motivo del conflicto limítrofe con Chile por el Canal de Beagle, se desplazó al sur del país, alistando sus bocas de fuego que no llegaron a entrar en combate, por una oportuna mediación papal que evitó el enfrentamiento armado con el país hermano, dirimiendo el conflicto en el campo diplomático.
En cumplimiento de una de las misiones subsidiarias del Ejército, a partir del año 1992, personal de oficiales y suboficiales de la Unidad participaron en operaciones militares de mantenimiento de la paz, bajo el mandato de Naciones Unidas, en Croacia y Chipre, recibiendo elogiosos conceptos por su actuación.
Por resolución del Jefe del Estado Mayor General del Ejército del 18 de febrero de 1999, el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 161 pasa a denominarse Grupo de Artillería Antiaérea 161

Fuente: www.artilleria.ejercito.mil.ar

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viernes, 15 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE SANSANA

Luego del pronunciamiento de mayo de 1810 se producen algunas acciones derivadas de él. El ejército patriota, que ha contribuido a afirmar al gobierno con el triunfo de Suipacha, se apresta a realizar nuevos avances en su campaña libertadora, peri su deficiente equipamiento, unido a la falta de verdadera experiencia guerrera, producen el desastre de Huaqui, el 20 de junio de 1811, golpe que causa en Buenos Aires tremenda consternación.

Decidido el gobierno a enfrentar la situación, el propio presidente de la Junta, Cornelio Saavedra, se dirige al Norte con un grupo de oficiales. Su propósito consiste en reorganizar las fuerzas dispersas, pero no llega a realizarlo, pues la Junta lo destituye, reemplazándolo con el coronel Juan Martín de Pueyrredón, que ha fugado de Potosí con los tesoros que se guardaban en la casa de Moneda. Manuel Dorrego integra el grupo de oficiales que marcha al Norte con Saavedra, y que, por las circunstancias apuntadas se encuentra luego a las órdenes de Pueyrredón.
A fines de 1811, Pueyrredón dispone que una fuerza, al mando del coronel Eustoquio Díaz Vélez, se adelante hacia el Alto Perú, con el objeto de tomar contacto con el enemigo, y también para ayudar de este modo a los cochabambinos, que luchan con heroico estoicismo, indiferentes al terror desatado contra ellos por los realistas.
Tan peligrosa se supone la empresa, que el batallón de infantería destinado a ella se subleva el día de su partida del cuartel general en Jujuy, dando origen a una severísima represión, que incluye el fusilamiento de los cabecillas. Dorrego solicita entonces un puesto en la columna, y Díaz Vélez lo designa ayudante suyo. Se asegura que el joven capitán, sin grado reconocido, se gana de inmediato la confianza y la estima de su jefe, quien le confía misiones delicadas.
Una vez que la fuerza patriota alcanza el puesto avanzado de Yavi, se adelanta hacia la provincia de Chichas, donde se halla la vanguardia realista. El general Goyeneche dispone entonces el envío de un cuerpo de 400 hombres, y ambas columnas quedan a la vista una de otra. Más los realistas consideran imprudente medirse con una fuerza superior en número, pese al refuerzo de 600 hombres que viene al mando del general peruano Francisco Picoaga. Contramarchan entonces, perseguidos por Díaz Vélez, pero es éste quien ahora comprende la inutilidad de un encuentro con esa fuerza que ya cuenta con 1.000 soldados. Díaz Vélez se ha reforzado con 200 hombres de caballería al mando de Güemes, y así comienza a replegarse, no sin librar algunas escaramuzas.
La columna patriota llega en su retroceso hasta Cangrejos, y acampa después en un lugar llamado Los Colorados, a la espera de las órdenes de Pueyrredón. Al siguiente día, 16 de diciembre, Díaz Vélez recibe un parte de la avanzada que está en Pumahuasi, por el que se le comunica que, en un pueblito situado a cuatro leguas de allí, Sansana, hacia al poniente de Yavi, hay una partida realista encargada de la custodia de una provisión de harina.
De inmediato dispone que un grupo salga en procura de ese alimento, del que tiene gran necesidad. Como se trata de una misión arriesgada, confía su mando a Dorrego, convencido de que la decisión y la inteligencia de su ayudante son una garantía de éxito para la empresa.
Es la primera vez que Dorrego se va a encontrar en el compromiso de una auténtica acción militar, pues hasta el momento su experiencia se reduce a los incidentes de Chile (motín de Figueroa) y a la dudosa preparación que recibe en el cuartel general del ejército del norte. Ahora tendrá oportunidad de ser empleada su capacidad de iniciativa y de mando, que parecen ser cualidades innatas en él.
El mismo día que recibe la información, Díaz Vélez destaca una partida de 40 hombres, en cuyo mando secundan a Dorrego los tenientes Luis García y Antonio Bazán. Las órdenes especifican que se debe caer sobre el enemigo por sorpresa y arrebatar la harina, todo ello operando con la mayor rapidez.
En la mañana del mismo día, Dorrego, con su pequeña fuerza, se aproxima a Sansana, encontrándose con que en unos ranchos de las afueras acampa la partida realista. Esta es atacada de inmediato, y procura entonces parapetarse en unos tapiales, a la espera del socorro que no dejarán sin duda de prestar otras partidas, atraídas por los disparos. Se combate valerosamente por ambos lados por espacio de una hora. Finalmente tras una carga decisiva de los patriotas, causante de la muerte del oficial español, aquéllos se encuentran en posesión del depósito buscado. Pero no es harina lo que allí se guarda, con lo que se desvanece la ilusión de saborear alguna sabrosa comida, sino los equipajes de los soldados y aún de varios oficiales realistas, además de 27 mulas y 19 fusiles. De estos últimos -dice Díaz Vélez- “seis se hicieron pedazos en el acto de acción”.
De todas maneras, no es un botín despreciable, y Dorrego dispone que se lo cargue. En ese mismo momento aparece por una altura próxima otra fuerza enemiga, esta vez más numerosa, pues consta de unos 150 hombres.
Obligado por esta situación francamente adversa, Dorrego resuelve replegarse dejando abandonado el botín, no sin antes prenderle fuego a los ranchos en que se hallaba el resto del equipaje que no había podido tomar la tropa, el que según el incremento que habrá tomado el fuego, cuando se retiraron se redujo todo a cenizas
El de Sansana puede ser considerado un triunfo de Dorrego, por las bajas que causa al enemigo, y por su maniobra al encontrarse con una fuerza superior, a la que se debía eludir todo trance.

Fuentes: Díaz Vélez, Eustoquio – Parte del combate redactado el 19 de diciembre, en Colorados (Depto. de Yavi) / Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Sosa de Newton, Lily – Dorrego – Ed. Plus Ultra, Buenos Aires (1967).

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jueves, 14 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA COMPAÑIA DE COMUNICACIONES Nº8

Tuvo su origen en la Sección Comunicaciones del Destacamento de Montaña reforzado Cuyo, organizada en 1937, su Jefe el Subteniente Oscar Santamarina tuvo una lucida actuación al frente de su Sección especialmente por el empleo de radio estaciones de onda corta proyectadas por él mismo.
Esta sirvió de núcleo a la Sección de Comunicaciones de Montaña de la Agrupación de Montaña "cuyo", creada en 1942.
El 1ro de enero de 1943 fue creada la 1ra Compañía de Comunicaciones de Montaña en la Ciudad de Mendoza, con dependencia de la Agrupación de Montaña "Cuyo".
Tuvo destacada actuación en las maniobras del Espinacito.
El 15 de diciembre de 1944 le fue cambiada su denominación por la de 1ra Compañía del 8vo Batallón de Comunicaciones de Montaña. En 1946 pasa a denominarse Batallón Nro 8 de Comunicaciones motorizado de Montaña, subordinado al Comando de la Agrupación de Montaña "Cuyo". Su organización incluía una Plana Mayor, una Compañía Mixta y una Columna Liviana, todas ellas motorizadas. Ocupó como local una parte del Cuartel del Batallón Nro 8 de Zapadores de Montaña.
En 1949 pasó a formar parte de la Agrupación de Comunicaciones "Mendoza", junto con otras Unidades del Arma, donde permaneció hasta la disolución del Organismo en 1952.
El 12 de diciembre de 1960 pasa a llamarse 8vo Batallón de Comunicaciones de Montaña, nombre que conserva hasta el 10 de noviembre de 1964, en que de acuerdo a la nueva reestructuración del Ejército, pasa a denominarse Compañía de Comunicaciones de Montaña 8.

Reseña Histórica del Comando de Brigada de Montaña VIII "Brigadier General Toribio de Luzuriaga"
El origen de Comando de Brigada de Montaña VIII se remonta al año 1923 cuando por decreto del Gobierno Nacional se crea el destacamento de Montaña Cuyo, Siendo su primer Comandante el Coronel Basilio Pretiñe.
Dentro de las innumerables tareas realizadas merece destacarse la construcción de la masa de los refugios existentes en la montaña cuyana, los cuales hasta el día de hoy prestan valiosísima utilidad no solo al personal militar sino a todos los entusiastas de la montaña. También merece destacarse la empresa liderada por el entonces Teniente Nicolás Plantamura en el año 1934, siendo el primer Argentino en hacer cumbre en el Cerro Aconcagua.
El incremento de tropas a lo sargo de la frontera cordillerana motivó el 1ro de enero de 1942 la creación del Comando de Agrupación de Montaña Cuyo, siendo su primer Comandante el General José Humberto Sosa Molina, funcionando en las actuales instalaciones del Casino de Oficiales de la Guarnición Militar Mendoza.
A partir del año 1943 la Agrupación estaba integrada por:
-Destacamento de Montaña San Juan.
-Destacamento de Montaña Mendoza.

Durante este periodo, el 14 de abril de 1958, se toma posesión del actual edificio.
A partir del 1ro de enero de 1960 pasa a llamarse Comando de la División 8 de Infanteria de Montaña siendo su primer Comandante el General Cecilio Labayru.
Continuó con esta denominación hasta el 16 de noviembre de 1964 donde cambió de denominación a Comando de VIIIva Brigada de Infantería de Montaña, actualizando su estructura orgánica para un mejor funcionamiento, siendo su Comandante el General de Brigada Alberto Marini.
Participó con efectivos en el Operativo Independencia en el año 1976, en 1978 desplegó sus hombres y medios ante la inminencia del conflicto con la República de Chile y en 1982 algunos de sus efectivos participó en el conflicto del Atlántico Sur
El 3 de marzo de 1995 cambió su denominación al de Comando de Brigada de Montaña VIII imponiéndose el nombre de Brigadier General "Toribio de Luzuriaga", el que mantiene en la actualidad.
En estos momentos y en el marco del cumplimiento de la política exterior de nuestra nación, participa en Operaciones de Mantenimiento de la Paz con personal de Oficiales, Suboficiales y Soldados.
Desde la creación de aquel modesto Destacamento de Montaña hasta hoy, este Comando junto a as Unidades dependientes han sido parte activa de la vida de Cuyo. Escuelas, puentes, rescates, apoyos a la comunidad ante desastres naturales, participación de proyectos de intereses provinciales, intercambio académico con universidades del medio, dan testimonio del rol de este Comando en cumplimiento de su Misión y el compromiso asumido con la población de a cual se nutre y nos debemos.

Fuente: www. cbrimon8.ejercito.mil.ar

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miércoles, 13 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL MANUEL DE ESCALADA

El 13 de diciembre de 1871 fallece en Buenos Aires el General Manuel de Escalada. Ingresó al ejército como Alférez de la 1ª. Compañía del 1er. Escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, en septiembre de 1812. Participó en el combate de San Lorenzo, del 3 de febrero de 1813. Integró el Ejército del Norte, asistiendo a los combates de Puesto del Marqués, Venta y Media y Sipe-Sipe. Como parte del Ejército de los Andes combatió en Chacabuco, siendo parte de las cargas de caballería que definieron la victoria sobre el ejército español. Después de la batalla fue el encargado de llevar a Buenos Aires el Parte que el General de San Martín dirigió al Director Supremo de las Provincias Unidas, diciendo: "En 24 días hemos cruzado las más altas cordilleras del globo y hemos batido al enemigo". Había nacido en Buenos Aires el 17 de junio de 1795.
Hijo de Antonio Jose de Escalada, era hermano de Remedios y de Mariano Escalada, y estudió en el Colegio de San Carlos de la Ciudad de Buenos Aires. Su hermana Remedios se casó con el comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo, Coronel Jose de San Martin. Manuel fue uno de los primeros oficiales del cuerpo, al igual que su hermano. Juntos lucharon en la batalla de San Lorenzo y prestaron servicios en el Sitio de Montevideo hasta 1814. Vuelto a Buenos Aires, participó en la revuelta porteña de 1815, que siguió a la rebelión de Ignacio Alvarez Thomas en Fontezuelas. Escalada arrestó a Carlos Maria de Alvear, aunque finalmente lo dejó huir para que presentara la renuncia.
Reunido con su hermano, juntos hicieron la tercera expedición auxiliadora al Alto Perú. Después de las derrotas de Venta y Media y Sipe Sipe, cubrió la retirada del ejército a través de la Quebrada de Humahuaca con sus granaderos.
Tanto Manuel como Mariano Escalada se unieron al Ejercito de los Andes en 1816. Después de la Batalla de Chacabuco, Manuel Escalada galopó en catorce días hasta Buenos Aires trayendo la noticia, marcando un récord que lo convirtió en un héroe popular. Peleó en el asalto de Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú. Después de esta última batalla, rompió su propia marca e hizo el recorrido en sólo doce días.
Tras participar en la segunda campaña al sur de Chile, fue ascendido a Coronel y llegó a comandar el Regimiento de Granaderos antes de pedir su retiro en 1819. Su hermano también lo había pedido, por su mala salud.
En 1820, al saberse de la derrota de Cepeda, se puso al frente de un ejército con el que pensaba enfrentar al caudillo Francisco Ramirez, pero a los pocos días regresó a Buenos Aires. Participó en varios de los conflictos del año 20, y acompañó al gobernador Dorrego en su campaña a San Nicolas de los Arroyos y a la Provincia de Santa Fe.
Pasó algo más de un año en la guarnición de la capital, y pasó a retiro con la reforma militar de Bernardino Rivadavia.
Volvió a tomar las armas como oficial de caballería en 1825, en el Ejército de Observación destinado a la Guerra del Brasil. Estando en ese destino, representó al presidente Rivadavia ante el gobernador entreriano Juan Leon Solas, amenazado por el General Ricardo Lopez Jordan (padre), y le ayudó a conservar el poder, pasando luego el gobierno aVicente Zapata.
Cuando en 1826 se hizo cargo del ejército el general Alvear, pidió la baja y se trasladó a Buenos Aires antes de recibir la respuesta, ya que lo consideraba su enemigo personal. Alvear lo declaró desertor, pero sin consecuencias.
Dos años más tarde fue enviado a ayudar a Fructuoso Rivera a defender las Misiones Orientales, que acababa de reconquistar. Ambos debieron retirarse a los pocos meses, porque la provincia volvió a manos del Imperio del Brasil por el tratado de paz. Ayudó a Rivera a regresar al Uruguay, junto con la mayor parte de los indios guaranies que quedaban.
A fines de 1828 participó en la revolución unitaria del General Juan Galo de Lavalle contra el gobernador Dorrego. Se dijo que fue uno de los oficiales que aconsejó su fusilamiento a Lavalle, y fue su ministro de guerra.
Tras la caída de Lavalle, a diferencia de los demás oficiales, no se exilió, ya que su fortuna lo ponía a cubierto de los ataques de sus enemigos. Fue también ministro de guerra del gobernador Juan Jose Viamonte. Su presencia en ese gobierno hizo que los partidarios de Rosas desconfiaran de Viamonte, a pesar de haber sido ellos quienes lo colocaron en el gobierno. Durante el segundo gobierno de Viamonte y el de Manuel Vicente Maza, fue comandante general de marina de la provincia.
Durante el gobierno de Rosas no participó en política y se retiró a una estancia. Sin embargo, participó de las habituales manifestaciones de la alta sociedad en apoyo del Restaurador. Su hermano Mariano no tuvo tanta suerte: se vio comprometido en el complot de Ramon Maza para derrocar a Rosas y fue arrestado en 1841. Liberado al poco tiempo, murió ese mismo año; era un año menor que Manuel.
Después de la Batalla de Caseros fue ministro de guerra del gobernador Vicente López y Planes. Organizó la Guardia Nacional; pronto se unió al partido unitario y fue nuevamente ministro de Guerra y Marina del gobierno de Pastor Obligado hasta 1857.
Ese año fue ascendido a General y asumió el mando de la frontera del sur; firmó un tratado con el Cacique Cipriano Catriel. Como el Cacique Cachul, amigo de éste, no reconociera el tratado, hizo una campaña hasta las tolderías, para obligarlo a aceptar la paz.[ ]Este tratado fue una de las causas que lo enfrentaron a Bartolome Mitre.
Abandonó Buenos Aires en 1858 y se trasladó a Parana. Allí fue elegido senador nacional. Participó en la campaña de Cepeda del lado de la Confederacion, aunque logró autorización de Urquiza, para no tomar parte en la batalla.
Después del Pacto de San Jose de Flores pasó definitivamente a retiro. Permaneció en Buenos Aires, donde su primo, el obispo de la ciudad, le aseguró que no sería molestado por su alianza con Urquiza. Quedó ciego hacia 1865. Falleció en Buenos Aires en diciembre de 1871.

martes, 12 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CORONEL PEDRO JOSE DIAZ

Hijo de un militar, se enroló como soldado en el Regimiento de Granaderos a Caballo fundado por el General Jose de San Martin, y a principios de 1814 fue enviado al Ejercito del Norte. No participó de las campañas al Alto Perú, pero a fines de 1816 tomó parte en la campaña para aplastar la sublevación de Juan Francisco Borges en Santiago del Estero. Luego formó en el ejército que, al mando de Eustaquio Diaz Velez, hizo la campaña contra los Federales de la Provincia de Santa Fe.
Se unió en 1816 al Ejercito de los Andes e hizo la campaña de Chile, combatiendo en la Batalla de Chacabuco, en la campaña del sur de Chile, en la sorpresa de Cancha Rayada – luego de la cual se destacó reuniendo soldados dispersos – y en la batalla de Maipú. Después de esa batalla fue ascendido al grado de Capitán; hasta entonces sólo era sargento.
Hizo la campaña del Perú, combatiendo en Ica, en la toma de Lima – según sus memorias, fue el primer oficial patriota en entrar en la ciudad – y en la desastrosa campaña de Puertos Intermedios. En la sublevación del Callao, en que varios cuerpos se pasaron a los realistas, fue tomado prisionero y enviado a Puno, cerca del límite con el Alto Perú. Huyó con la ayuda de sus carceleros a fines de 1824, poco después de la Batalla de Ayacucho.
De regreso a Buenos Aires, se incorporó al ejército para la Guerra del Brasil. Reconocido con el grado de Teniente Coronel, combatió en la Batalla de Ituzaingo, tras la cual se le dio el grado de Coronel de Infantería.
Regresó a Buenos Aires con el General Juan Galo de Lavalle a cuyas órdenes participó en la revolución con que éste derrocó al Manuel Dorrego, y participó en las batallas de Navarro y Puente de Márquez.
Tras la derrota a manos de Juan Manuel de Rosas, se exilió en Montevideo, siguiendo a Lavalle. Allí se dedicó al comercio, apartado completamente de la actividad militar, hasta el año 1837, en que se unió con su jefe a la revolución de Fructuoso Rivera, combatiendo a sus órdenes en la Batalla de Palmar.
Participó junto al General Lavalle en 1839 en la Batalla de Yeruá. Fue jefe de una división del Ejercito de la Provincia de Corrientes, y tuvo una destacada actuación en la Batalla de Don Cristobal.
Continuó con el ejército hasta el ingreso a la Provincia de Buenos Aires, y la retirada desde allí hacia el norte. En la captura de la ciudad de Santa Fe fue el jefe que logró la rendición del jefe de la defensa, General Eugenio Garzon.
Cuando Lavalle se retiró en dirección a la Provincia de Córdoba, participó en la batalla de Quebracho Herrado. Durante el transcurso de la misma, debió contener con sus fuerzas de infantería las cargas de la división del General Angel Pacheco. Pese a la orden terminante del ayudante del general Lavalle de retirarse, abandonando a sus hombres, respondió:
"Dígale al general Lavalle que, donde mueren sus hombres, muere el coronel Díaz."
Tras perder la mitad de sus hombres, fue tomado prisionero junto a sus soldados; tomando un gran riesgo sobre su vida, se aseguró que no hubiera represalias de los vencedores sobre ellos. Sus vencedores respetaron el acto heroico de Díaz, en una batalla tras la cual varios oficiales unitarios fueron ejecutados.
Pasó los siguientes años prisionero en el cuartel de Santos Lugares. Temió especialmente por su vida en el año 1842, en que las represalias sobre los unitarios costaron decenas de muertes, pero logró ser trasladado a la ciudad de Buenos Aires a fines de ese año.
Fue liberado en 1849, reincorporado al ejército y reconocido en su grado militar. Se había hecho amigo del Coronel Antonio Reyes, jefe del campamento de Santos Lugares, que intercedió por él.
En 1851, al saber que el Ejercito Grande de Justo José de Urquiza, avanzaba hacia Buenos Aires aliado con el Imperio del Brasil, se unió espontáneamente al ejército de Rosas, sin ocultar en ningún momento su pertenencia convencida al partido unitario.
En la Batalla de Caseros, Rosas le dio el mando de la fuerza más importante de la infantería, con base central en la casona y palomar de Caseros. Se destacó por la valentía demostrada en el combate, y – a pesar de las sucesivas defecciones de las divisiones del ejército federal – se mantuvo en el frente de batalla hasta el final de la misma. Solamente cuando el jefe de la artillería, coronel Mariano Chilavert – otro unitario decidido, que había sido el jefe del estado mayor de Lavalle en 1839 – se quedó sin municiones, abandonó sus posiciones ya inútiles para salvar la vida de sus soldados.
Los dos últimos jefes en rendirse fueron Díaz y Chilavert. Éste último fue ejecutado al día siguiente, por decisión de Urquiza. Díaz tuvo más suerte, ya que varios amigos unitarios intercedieron por él, a pesar de que era generalmente considerado enemigo personal de Urquiza. Apenas conseguida su libertad, consiguió el indulto para el coronel Reyes.
Fue nombrado Capitán del puesto de Buenos Aires y participó en la Revolución Unitaria del 11 de septiembre. Fue ministro de guerra del gobernador Manuel Guillermo Pinto durante el sitio de Buenos Aires por el federal Hilario Lagos, con resultados brillantes.
Tras la muerte de Pinto y el final del sitio, se retiró a la vida privada, especialmente ofendido por el juicio contra Reyes, en que se pretendía condenarlo a muerte.
En 1856 fue nombrado nuevamente jefe de estado mayor del Estado de Buenos Aires. Enfermó gravemente por haberse expuesto al sol muchas horas, al concurrir al sepelio de su amigo de la época de la campaña del Perú, el Coronel Jose Melian.
Falleció en Buenos Aires en diciembre de 1857.
Es posible que la importante Avenida Coronel Diaz, de la Ciudad de Buenos Aires, se refiera a este personaje. Pero la resolución municipal que le dio nombre a la misma no aclaraba a quién se honraba y, para la fecha de la imposición del nombre, había habido ya más de diez coroneles de apellido Díaz en el Ejército Argentino. Desde entonces, los admiradores de cada uno de ellos se la adjudicaron a sus favoritos.

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lunes, 11 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LA TRINCHERA

Esta batalla tuvo lugar el 11 de diciembre de 1882 en la margen sud del lago Huechulafquen, Departamento Huiliches, provincia del Neuquén, entre las tropas al mando del teniente coronel graduado D. Juan Gregorio Díaz, con 2 oficiales y 25 individuos de tropa del Batallón 2 de Infantería de Línea, y 5 oficiales y 65 de tropa del Regimiento 5º de Caballería de Línea; contra la indiada de Ñancucheo. En relación al sitio de la contienda, por un error Vigil en su libro lo menciona en la margen Norte. El Dr. Gregorio Alvarez apelando a citas del comandante Prado y del Tcnl Walter difiere y solicita una rectificación del lugar declarado histórico por el Decreto Nº 8.729 de 1943; cita a las Memorias Militares pero no recurre a ellas al exponer sus fundamentos. Debe aclararse que el Decreto mencionado no especifica el lugar exacto ni menciona en qué margen se desarrolló el hecho, y esto porque tampoco el informe precedente de la Comisión Nacional lo trae. Es decir, que oficialmente no se ha señalado el lugar exacto del suceso.
Debido a ello y considerando que en los partes del combate que se transcribirá más adelante, no figura en cuál margen del lago se desarrolló el combate debimos cerciorarnos controlando toda la documentación de la Campaña, encontrando felizmente este detalle revelador: “Día 14 (enero de 1883). El día de hoy debía ser penoso por la marcha entre desfiladeros que debíamos efectuar. Nos movimos a las 3 y 10’ a.m. y a las 4 estábamos en la costa S. del Huichú Lauquen, avanzando al O. por dicha banda.
Hemos pasado tres desfiladeros. El primero, elevado del nivel del lago, 30 y tantos metros, no ofreció gran inconveniente; su última parte llamada “La Trinchera”, nos obligó a echar pie a tierra para pasarla. “La Trinchera” son moles de granito escalonadas y disgregadas en senda estrecha y talud rápido. En ella los indios se han defendido admirablemente, y 200 metros antes de atravesarla, fue herido de bala y ultimado por los vándalos, el teniente 1º del Regimiento 2º de Caballería, D. Joaquín Nogueira, el día 11 del mes de diciembre.
El segundo desfiladero ofrece el paso llamado “Cantra” o “Contra” más acá del cual las serranías esconden sus faldas, dejando una planicie estrecha pero de pastos profundos en donde acampamos a las 7 y media. Hasta Contra la marcha es de 4 leguas”.
Este informe avalado con la firma del coronel Enrique Godoy, Jefe de la Segunda Brigada, no deja lugar a dudas. Por lo que entendemos que no corresponde una rectificación del “lugar histórico”, sino el aclarar el verdadero sitio.
Parte del Combate
“Campamento en Quemequementreo (sic) – Diciembre 16 de 1882 – Al señor jefe de la 2ª Brigada, coronel D. Enrique Godoy – Tengo el honor de dirigirme a V. S. dando cuenta de la expedición a mi mando. El día 9 del corriente a las 11 p.m. recibí orden del Jefe accidental de la Brigada, teniente coronel Don Alejandro Montes de Oca, de pasar el río con 15 infantes, recibiendo del Jefe accidental del Regimiento 2º de Caballería, teniente coronel Don Roque Peiteado, 60 hombres de caballería y 10infantes más, tomar datos de este Jefe sobre la dirección que habían tomado los indios que sus fuerzas habían batido y tomándolos, perseguir los indios hasta alcanzarlos y batirlos.
A las 5 y media p.m. me puse en marcha de este punto y el 11 a las 3 de la mañana encontré la avanzada del cacique Nancucheo (sic) que se encontraba como a 4 leguas de sus toldos; inmediatamente mandé al teniente 1º del Batallón 2, Don Manuel Sontag, que los atacara, poniéndose éstos en fuga a dar aviso a la tribu y reunirse en un punto fortificado que tenían cerca de los toldos en el desfiladero Uichó-Lauquen (sic); antes de llegar a este punto se presentaron grupos de indios sobre nuestro flanco izquierdo; ordené al teniente Grimau del Regimiento 2, perseguir uno de éstos, sin conseguir darle alcance por lo elevado de la cordillera, continuando mi marcha hasta llegar al desfiladero, en el que me interné legua y media más o menos en donde una cantidad de indios estaban apostados en la cumbre de la sierra, defendiendo el paso arrojando piedras con hondas y haciendo rodar las más grandes, lo que ocasionó el caer a la laguna, que corre a pique a la derecha del camino, algunos caballos; en este punto tuve aviso por el teniente Nogueira, del Regimiento 2, que la excesiva piedra que arrojaban los indios dificultaban el paso, a lo que ordené seguir la marcha continuándola a pesar de todo acompañado del teniente Sontag.
“Hasta este momento no tenía conocimiento de la existencia en este punto de la fortificación hecha de palos a pique, piedras y madera amontonada, la que interceptaba y abrigaba a los enemigos armados a lanza y Remington. También se encontraban cantidad de ellos en la cumbre arrojando piedras, las que indudablemente habían sido preparadas allí con tal objeto. No se distinguía a los defensores por la buena posición que ocupaban, lo que hacía casi inútiles nuestras armas de fuego. Me permito llamar la atención de U.S. sobre esta trinchera que evidencia demasiados conocimientos sobre la construcción de ellas para poder ser hechas por los indios.
Viendo imposible el asalto de frente mandé echar pie a tierra a la fuerza, dejando una guerrilla que continuara el fuego para arredrar a los defensores y colocando los caballos defendidos en una arboleda que existe allí cerca, mandé al teniente Sontang con una guerrilla de infantes trepar a la cumbre de la cordillera y atacar el flanco derecho del enemigo…; y mientras se cumplía esa orden, se incorporó el teniente Grimau, el cual regresaba de perseguir la partida de indios que intentó flanquearnos al principio; en el acto le ordené echar pie a tierra y con soldados de infantería y caballería tomar por asalto la fortificación así que le protegiese la guerrilla del teniente Sontang, lo que dio por resultado que el enemigo abandonara su trinchera al verse flanqueado por donde menos pensaba, encontrándose en ella 3 carabinas Remington, varias lanzas y 4 caballos ensillados que quedaban en la falda de la cordillera; al trepar la fuerza del teniente Grimau, el soldado Funes del Regimiento 2 dio muerte a un indio.
El enemigo ha debido tener pérdidas de consideración, pues la mucha sangre que quedó en la trinchera como en el trayecto de la persecución lo hace presumir así, no encontrándose heridos ni cadáveres los que sin duda han sido ocultados en el bosque llevados durante más de dos horas y media que tardaríamos en flanquear y tomar la trinchera.
Una vez tomada la fortificación, traté de organizar la fuerza que se encontraba dispersa y con los primeros que pude reunir formé una guerrilla a pie que fue a reconocer el bosque hasta tanto se incorporase la fuerza y con los primeros caballos que llegaron ordené al teniente Grimau se pusiese en persecución del enemigo mientras yo esperaba los que quedaban en la falda de la cordillera. Concluida esta operación me puse en marcha en protección de dicho Teniente, y después de pasar un gran bosque, donde los indios habían cortado árboles grandes para impedirnos el paso, se empezaron a encontrar los toldos, pequeños grupos de hacienda (vacas y ovejas) juzgándose por el número de toldos que debe haber mucha chusma.
El estar bastante rendida la caballada de la fuerza que me acompañaba me determinó a hacer alto y recoger los animales que había en los alrededores, reconociendo personalmente el bosque con soldados de infantería y caballería a pie, continuando la persecución el teniente Sontang y sub-teniente Wappers del Batallón 2 con soldados de dicho cuerpo y del Regimiento 2 recorrían los toldos de Nancucheó donde como en la persecución se tomaron varias majadas formando un total de 800 ovejas más o menos, 180 vacas, ciento tanto caballos y yeguas, como también munición de Remington, pólvora y munición de caza, una espada, la gorra de gala del cacique Nancucheó y un muchacho que cuidaba una majada de ovejas y por él se supo que el citado cacique había salido el día anterior a reunir gente donde habían peleado con los cristianos.
Las pérdidas por nuestra parte, Señor Coronel, son bien sensibles por ser el primer choque y antes de descubrir la fortificación; herido gravemente el teniente 1º del Regimiento 2 de Caballería don Joaquín Nogueira y muerto el soldado Salomón del mismo cuerpo, ambos de bala, los caballos de ellos como el cadáver del soldado arrojados a la Laguna por las piedras, como también cuatro contusos de piedra, dos del Batallón 2 y dos del Regimiento, una carabina rota y varios caballos heridos de bala y piedra.
La gran distancia que tuve que dejar la caballada para evitar que las piedras la arrojaran a la laguna como la segura presencia el enemigo a nuestro franco derecho, a estar por las quemazones que se veían, me imposibilitaban continuar la persecución a mayor distancia que la llevada ya; por lo que dispuse regresar a protegerla y hacer cuidar a la vez al teniente herido, al que encontré muerto. A las 7 y media, me incorporé donde estaba la caballada y por los alféreces Montiel y Rouquaud supe que todo el día habían sido amenazados por grupos de indios que se presentaban con intención de arrebatársela, mas estos oficiales, cumpliendo mis órdenes, habían arreglado un corral con el objeto de asegurarla y tener pronta su fuerza si se atreviesen a atacarlos.
La disminución que V. S. notará en los arreos arrebatados al enemigo y los llevados a este campamento, tanto en ovejas como en vacas, ha sido causado por lo carneado, cantidad de corderos y terneros cansados o ahogados en los arroyos que ha habido que pasar, como indudablemente algunos que se habrán extraviado en los montes.
Los oficiales y tropas a mis órdenes han cumplido todos con su deber, permitiéndome recomendar particularmente a V. S. a los tenientes Sontang del Batallón 2, y Grimau del Regimiento 2, y al malogrado teniente Nogueira, cuyo valor y arrojo le han costado la vida, como al soldado Salomón en justo tributo a su memoria.
Al terminar este parte, tengo la satisfacción de felicitar a V. S. por el buen éxito obtenido por las fuerzas a mis órdenes de la Brigada de su digno mando. Dios guarde a V. S. – Juan G. Díaz”.
Diario de Marcha
Por su parte, al informarse en el Diario de Marcha de la llegada de esta columna, hecho ocurrido a las 10 a.m. del 15 de diciembre, se expresa: “La relación de su jornada es curiosa y ha causado asombro entre nosotros, por cuanto las circunstancias en que se ha efectuado, difieren enteramente de las conocidas hasta ahora en la guerra contra los indios. Basta decir que se vio precisado a desalojar al enemigo de un desfiladero en que se habían fortificado levantando trincheras que cerraban el paso, y desde las cuales fueron recibidos a balazos, en tanto, que una fila de guerreros coronaban los cerros a lo largo del desfiladero y desmoronaban cantidad de piedras sobre nuestros soldados que marchaban al ataque. Pero ya se sabe que una fortificación no es inconveniente de tal magnitud que pueda detener a nuestros soldados; y si esta fortificación está defendida por indios, no se debe preguntar el resultado de la acción.
Durante el combate fue herido de bala el teniente Don Joaquín Nogueira, del Regimiento 2 de Caballería, y murió algunos momentos después; y el soldado Salomón del mismo cuerpo, fue desbarrancado por un peñasco que lanzó caballo y jinete a una laguna profunda situada abajo del desfiladero”.
Orden de Brigada
A renglón seguido se inserta la Orden de Brigada de ese día (15) donde se expresa: “En los pocos días de campaña que cuenta la segunda Brigada, se han realizado operaciones tan diversas como fructuosas y librádose combates, dejando en cada uno de ellos sembrado el escarmiento, el terror y el castigo terrible para los salvajes, que desesperadamente en sus últimos momentos de exterminio han osado oponerse a nuestro paso.
“Algunas víctimas tenemos que lamentar por nuestra parte, todos pertenecientes al Regimiento 2 de Caballería de Línea; el teniente 1º D. Joaquín Nogueira y soldado Isidro Salomón, muertos valientemente al forzar una fortificación, tenazmente defendida, pero franqueada a los pocos momentos de lucha por nuestros bravos compañeros, bizarramente dirigidos por el teniente coronel D. Juan G. Díaz”.
Comentarios
Aparte de las demostraciones que merecían los que actuaban en hechos clasificados de “acción heroica”, el jefe de la Brigada acusó en los siguientes términos recibo del parte oficial: “Al aprobar, como lo hago, su proceder en dicha jornada, me es muy agradable felicitar a Ud. y subalternos por la actividad y tino empleado en la expedición, como por el valor demostrado en la pelea. Al elevar al superior su precipitado parte me haré un honor en recomendar a Ud. y fuerzas que condujo a las consideraciones que se han hecho acreedoras, sin olvidar una mención especial para la memoria del infortunado teniente Nogueira, muerto en su puesto de honor al forzar intrépidamente la fortificación enemiga”.
Con respecto a las exequias del oficial caído en el combate, en la Orden de Brigada antes mencionada se comunica: “Habiéndose conducido hasta este campamento los restos del infortunado teniente Nogueira, su inhumación se practicará hoy a las 6 de la tarde con los honores que por las ordenanzas le correspondes, en el lugar que se determinará con antelación, y que le servirá de tumba provisoria hasta tanto sea posible trasladarlos a lugar sagrado. Invítase a los señores Jefes, oficiales y tropa francos a acompañar hasta la última morada al que fue teniente 1º Don Joaquín Nogueira. – Firmado: E. Godoy”.
En la Orden de Brigada siguiente se lee: “Mañana a las 5 a.m. se celebrará una misa por el descanso de los que han perecido en su puesto en las diferentes operaciones que se han llevado a cabo en la presente campaña. Será oficiada por el presbítero D. José M. Beauvois.
Los cuerpos de la Brigada con el mayor número de plazas posibles, asistirán a este acto que tendrá lugar en la tienda del Detall de la expresada.
Las fuerzas serán mandadas por el segundo Jefe del Batallón 2 de Infantería de Línea, teniente coronel D. Juan G. Díaz. – Firmado: E. Godoy”.
En el Diario de marcha se anota ese mismo día: “A las 6 de la tarde se inhumaron los restos del teniente D. Joaquín Nogueira y se le hicieron los honores de ordenanza.
Todos los Jefes, todos los Oficiales y la tropa franca presente en el campamento acompañaron el cadáver hasta el paraje en que se le iba a depositar. Queda sepultado en la falda oriental de la colina que tenemos a nuestro frente”.
En las anotaciones correspondientes al día siguiente, domingo 17 de diciembre de 1882, se registran las siguientes novedades: “A las 5 de la mañana tiene lugar la misa en el sitio y en la forma indicada en la orden de ayer”.
Queriendo perpetuar la memoria de los que perecen en el cumplimiento del deber, el señor Coronel Jefe de la Brigada ha dado en la fecha la orden siguiente: Orden de Brigada – Para honrar la memoria de los compañeros de armas que han caído en su ley combatiendo por la causa de la civilización, de la cultura y del derecho, y como justo tributo a su valor y abnegación, el Coronel y Jefe de la Brigada ordena: 1) Llámase fortín “Teniente Nogueira”, al establecido en Pichi-Picun-Leufú, y que va a guarnecer un destacamento del Regimiento 2 de Caballería de Línea. – Firmado. E. Godoy”.
Acotaciones
Al referir el comandante Prado, que fuera compañero de armas y amigo del extinto Nogueira, los pormenores de este combate, según las referencias que él recogiera en su Unidad, manifiesta: “Cuando Sontag y los suyos alcanzaban la cumbre del cerro y los indios abandonaban el reducto, Nogueira recibió una herida de bala en la pierna que lo postró. La tropa seguía en persecución de los asaltantes sin mirar atrás. Sólo un soldado de Caballería, que vio caer a Nogueira, quedó con él.
Los indios que defendían el desfiladero, al ser éste forzado, huyeron en direcciones distintas; y uno de los grupos que no siguió la dirección del valle, apareció precisamente donde estaba herido Nogueira.
Este valiente, al ver acercarse el grupo de bárbaros contra el cual nada podía, ordenó al soldado que lo acompañaba que lo dejara y se salvase.
- ¿Y qué le hice yo, mi teniente -contestó el soldado aquel-, para que me trate así? ¿Por qué quiere que me porte como un canalla?
- Retírate rápido… Anda a buscar protección… Avísale al comandante, que ha de tener tiempo de venir.
- ¿Yo? –murmuró el soldado, comprendiendo la intención de su oficial y húmedos los ojos por el sentimiento-, ¿yo dejarlo a usted? No le obedezco, señor.
- Pero ¿y tu carabina?
- Se cayó al barranco… No importa… ¿y éste qué es?, ¿no vale nada? –añadió esgrimiendo el sable por encima de la cabeza.
- Bueno, entonces –tuvo tiempo aún de agregar Nogueira-, siéntame arrimado a aquella piedra y alcánzame la espada.
Veinte indios cayeron sobre el oficial y el soldado; éste, ágil como el gato, saltaba de un lado para el otro, entorno de su teniente, que a su vez se defendía, como era posible hacerlo sentado, con la hoja de su espada.
Por flojos que fueran los indios era imposible que no acabaran de una vez con aquellos dos valientes. Y así fue. Nogueira, cuando fue hallado, tenía el cuerpo acribillado a lanzazos, la cabeza separada del tronco y los miembros mutilados. El soldado, abandonado por los indios que lo creyeron muerto, fue recogido herido y llegó a restablecerse por completo”.
Queda librada la libre aceptación de la veracidad del relato, para lo cual ha sido munido de los antecedentes oficiales. La posibilidad de la certeza del hecho estriba en que gestos como el antedicho fueron comunes a lo largo y a lo ancho de la Patria, pues no fue patrimonio exclusivo de los soldados expedicionarios, ya que el valor, la abnegación, la lealtad, la camaradería y el sacrificio, fueron los principales atributos que distinguieron en todo tiempo al soldado argentino.
El Dr. Gregorio Alvarez considera veráz esta relación y finaliza su artículo, en el cual solicita la rectificación del dato aportado por Vigil y que se ha comentado al comienzo de este artículo, opinando: “En este lugar, además, debiera erigirse un monumento o una gran placa de bronce alusiva, que perpetúe la heroicidad del soldado argentino en la Campaña de los Andes”.
Fuentes: Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143, www. revisionistas.com.ar

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